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La Comintern y la GPU
by LEÓN TROTSKY
Wednesday, Aug. 11, 2004 at 10:57 PM
Primera parte del trabajo en que Trotsky desenmascara a sus asesinos
LEÓN TROTSKY
La Comintern y la GPU[1]
El intento de asesinato del 24 de mayo y el Partido Comunista
7 de agosto de 1940
Premisas políticas
Este documento persigue objetivos jurídicos y no políticos Pero los actos criminales de los miembros del llamado Partido “Comunista” de México son consecuencia de motivos políticos. El atentado del 24 de mayo fue un atentado de carácter político. Esa es la razón que explica por qué la mecánica de este delito, y mucho más los motivos que inspiraron a sus autores, no pueden entenderse sin descubrir, aunque sea en forma sumaria, el trasfondo político del atentado.
No hay dudas hoy en día en la opinión pública de que este atentado haya sido organizado por la GPU, el órgano principal del régimen de Stalin. La oligarquía del Kremlin es de carácter totalitario, es decir, todas las funciones de la vida social, política e ideológica del país se subordinan a la misma, aplastando además la más mínima manifestación de crítica y opinión independiente. La naturaleza totalitaria de la política del Kremlin no se origina en el carácter personal de Stalin sino en la posición que ocupa ante el pueblo el nuevo estrato gobernante. La Revolución de Octubre se propuso dos tareas íntimamente relacionadas: primero, la socialización de los medios de producción y la elevación, a través de la economía planificada, del nivel económico del país; segundo, la construcción de los cimientos de una sociedad sin distinciones de clase y, consecuentemente, sin una burocracia profesional, una sociedad socialista administra da por el conjunto de sus miembros. La primer tarea, en sus lineamientos básicos, ha sido realizada; a pesar de la influencia del burocratismo, la superioridad de la economía planificada se ha demostrado con fuerza incontrastable. No ocurre lo mismo con el régimen social. En lugar de acercarse al socialismo se aleja cada vez más. A causa de razones históricas, que no pueden tratarse adecuadamente aquí, se desarrolló sobre la base de la Revolución de Octubre una nueva casta privilegiada que concentra en sus manos todo el poder y que devora una porción cada vez mayor del ingreso nacional. Esta casta se halla en una situación profundamente contradictoria. De palabra avanza en nombre del comunismo; de hecho, lucha por su propio poder ilimitado y sus colosales privilegios materiales. Rodeada por la desconfianza y el odio de las masas engañadas, la nueva aristocracia no puede tolerar la más diminuta brecha en el sistema. En razón de su autopreservación se ve obligada a estrangular la menor llamita de crítica y oposición. De ahí la sofocante tiranía, el servilismo general ante el “líder” y la no menos general hipocresía; de la misma fuente surge el gigantesco rol de la GPU como instrumento del régimen totalitario.
El absolutismo de Stalin no descansa en la tradicional autoridad de la “gracia divina”, ni en la “sagrada” e “inviolable” propiedad privada, sino en la idea de la igualdad comunista. Esto priva a la oligarquía de la de argumentos racionales y persuasivos. Igualmente, la misma no puede apelar al carácter transicional de su régimen como autojustificación, ya que no se trata de por qué la igualdad no se ha realizado completamente sino de por qué la desigualdad crece continuamente. La casta gobernante está obligada a mentir sistemáticamente, a pintarse de distintos colores, a ponerse una careta e imputar a las críticas y a los opositores motivos diametralmente opuestos a los que realmente los impulsan. Cualquiera que salga en defensa de los trabajadores contra la oligarquía es marcado irremediablemente por el Kremlin como un partidario de la restauración del capitalismo. Esta mentira standarizada no es accidental: parte de la situación objetiva de la casta que encarna la reacción mientras jura por la revolución. En todas las revoluciones anteriores la nueva clase privilegiada trató de escudarse contra la crítica de izquierda a través de una falaz fraseología revolucionaria. Los termidorianos y bonapartistas de la gran revolución francesa persiguieron y condenaron a todos los genuinos revolucionarios -los jacobinos- acusándolos de “realistas” y agentes del reaccionario gobierno británico de Pitt.[2] Stalin no inventó nada nuevo. Sólo llevó hasta su última expresión el sistema basado en la acusación de conspiración política. La mentira, las calumnias, las persecuciones, las falsas acusaciones y las comedias jurídicas brotan inexorablemente de las posiciones de la burocracia usurpadora de la sociedad soviética. A menos que se entienda esto, es imposible comprender la política interna de la URSS o el papel de la GPU en el terreno internacional.
Lenin propuso en su testamento (enero de 1923) remover a Stalin de su puesto de secretario general del partido, dando como razones su rudeza, deslealtad y tendencia a abusar del poder. Dos años antes Lenin advertía: “Este cocinero sólo preparará platos picantes”. Nadie en el partido quería o respetaba a Stalin. Pero cuando la burocracia comenzó a percibir agudamente el peligro que la amenazaba y que partía del pueblo, necesitó justamente un dirigente rudo y desleal, dispuesto a abusar del poder en su interés. Eso explica por qué el cocinero de platos picantes se convirtió en el líder de la burocracia totalitaria.
El odio de la oligarquía de Moscú hacia mí lo engendra su profunda convicción de que yo la “traicioné”. Esta acusación tiene una significación histórica propia. La burocracia soviética no llevó a Stalin al liderazgo de inmediato y sin ninguna vacilación. Hasta 1924 Stalin era desconocido incluso entre los círculos más amplios del partido, ni que hablar en la población, v como ya he dicho no gozaba de popularidad entre las filas de la propia burocracia. El nuevo estrato gobernante confiaba en que yo emprendería la defensa de sus privilegios. No se escatimaron esfuerzos con ese fin. Sólo después de que la burocracia se convenció de que yo no tenía intención de defender sus intereses contra los trabajadores, sino, por el contrario, los intereses de los trabajadores contra la nueva aristocracia, efectuó su giro completo hacia Stalin, y yo fui proclamado “traidor”. El epíteto en labios de la casta privilegiada constituye la evidencia de mi lealtad a la causa de la clase trabajadora. No es accidental que el noventa por ciento de los revolucionarios que constituyeron el Partido Bolchevique, crearon el estado soviético y el Ejército Rojo y condujeron la guerra civil, hayan sido destruidos por “traidores” durante los últimos doce años. Por otra parte, el aparato stalinista ha llevado a sus filas durante este periodo a una abrumadora mayoría de quienes estuvieron del otro lado de las barricadas en los años de la revolución.
La Internacional Comunista sufrió una degeneración similar durante ese lapso. En las primeras etapas del régimen soviético, cuando la revolución iba de un peligro a otro, cuando todas las energías eran absorbidas por la guerra civil con su secuela de hambre y epidemia, los más arriesgados y abnegados revolucionarios se unieron a la Revolución de Octubre y a la Internacional Comunista en distintos países. De esta camada revolucionaria original que demostró en la acción su lealtad a la Revolución de Octubre durante esos difíciles años no queda, ahora, un solo hombre. Por medio de interminables expulsiones, presión económica, soborno directo, purgas y ejecuciones la camarilla totalitaria del Kremlin ha transformado completamente la Comintern en una herramienta obediente. La actual jerarquía principal de la Comintern, lo mismo que las secciones que la forman, incluye a gente que no adhirió a la Revolución de Octubre sino a la oligarquía triunfante, fuente de elevados títulos políticos y dádivas materiales.
El tipo que predomina entre los actuales burócratas “comunistas” es el elemento que hace carrera política y, en consecuencia, es el polo opuesto del revolucionario. Su ideal es alcanzar en su propio país la misma posición que la oligarquía del Kremlin consiguió en la URSS. No son dirigentes revolucionarios del proletariado sino aspirantes al régimen totalitario. Sueñan con tener éxito con la ayuda de esta misma burocracia soviética y su GPU. Contemplan con admiración y envidia la invasión a Polonia, Finlandia, los estados bálticos y Besarabia por parte del Ejército Rojo, porque estas invasiones provocan inmediatamente la transferencia del poder a los aspirantes stalinistas locales al régimen totalitario.
Carentes de estatura, ideas e influencia independientes, los dirigentes de las secciones de la Comintern están sólo al tanto de que sus posiciones y reputaciones permanecen y caen con la posición y reputación del Kremlin. En el sentido material, como se demostrará luego, viven de las limosnas de la GPU. Su lucha por la existencia se resuelve, por eso, en una rabiosa defensa del Kremlin contra cualquier oposición. No pueden dejar de percibir la corrección y, por lo tanto, el peligro de la crítica que parte de los llamados trotskistas. Pero esto sólo redobla su odio hacia mí y los que piensan como yo. Como sus amos del Kremlin, los líderes de los partidos comunistas son incapaces de criticar las verdaderas ideas de la Cuarta Internacional y se ven forzados a recurrir a falsificaciones y conspiraciones que se exportan de Moscú en cantidades ilimitadas. No hay, así, nada “nacional” en la conducta de los stalinistas mexicanos: traducen simplemente al castellano las políticas de Stalin y las órdenes de la GPU.
La GPU como organizadora del atentado
Para los no iniciados puede parecer incomprensible que la camarilla de Stalin me haya exiliado y luego haya intentado matarme en el extranjero. ¿No hubiera sido más simple fusilarme en Moscú como hicieron con tantos otros?
La explicación es ésta: En 1928. cuando fui expulsado del partido y exiliado en Asia Central, aún era imposible hablar no sólo de mi fusilamiento sino incluso de mi arresto. La generación junto con la cual hicimos la Revolución de Octubre y la guerra civil estaba viva entonces. El buró político se sentía sitiado por todos lados.
Desde el Asia Central pude mantener un contacto directo con la Oposición. En estas condiciones, Stalin, después de vacilar durante un año, decidió recurrir al exilio en el extranjero como el mal menor. Pensó que Trotsky, aislado de la URSS, privado de un aparato y recursos materiales, sería impotente para emprender nada. Además, Stalin calculó que después de haber tenido éxito en denigrarme ante los ojos del país podría obtener sin dificultad del gobierno turco amigo mi vuelta a Moscú para el ajuste final de cuentas. Los hechos mostraron, sin embargo, que es posible participar en la vida política sin aparato ni recursos materiales. Con la ayuda de jóvenes amigos eché los cimientos de la Cuarta Internacional, que está avanzando sin prisa pero sin pausa. Los juicios de Moscú de 1936 a 1937 se llevaron a cabo para obtener mi deportación de Noruega, es decir, realmente para que cayera en manos de la GPU. Pero no tuvieron éxito. Llegué a México. Estoy informado de que Stalin admitió en varias oportunidades que mi exilio en el extranjero fue “un grave error”. No le quedaba otro remedio, para rectificar el error, que montar un atentado terrorista.
En años recientes, la GPU destruyó a muchos cientos de mis amigos, incluyendo a miembros de mi familia en la URSS. En España, mataron a mi anterior secretario Erwin Wolff y a varios camaradas que pensaban como yo: en París, asesinaron a mi hijo León Sedov, al que los criminales profesionales de Stalin persiguieron durante dos años. En Lausana, la GPU mató a Ignacio Reis. Que había abandonado la GPU y se había unido a la Cuarta Internacional. En París, los agentes de Stalin asesinaron a otro de mis ex secretarios, Rudolf Klement, cuyo cadáver sin la cabeza, manos y piernas, fue hallado en el Sena. Esta lista podría continuar interminablemente.
En México hubo un obvio intento de asesinato contra mí por parte de un individuo que apareció en mi casa con falsas recomendaciones de una prominente figura política. Fue después de este incidente, que intranquilizó a mis amigos, que se tomaron medidas de defensa más serias: guardias día y noche, sistema de alarma, etcétera.
Después de la participación activa y verdaderamente criminal de la GPU en los hechos de España, recibí muchas cartas de mis amigos, especialmente de Nueva York y París, acerca de agentes de la GPU que eran enviados a México desde Francia y Estados Unidos. Transmití a tiempo los nombres y fotografías de algunos de estos caballeros a la policía mexicana. El estallido de la guerra agravó la situación aun más a causa de mi irreconciliable lucha contra la política externa e interna del Kremlin. Mis declaraciones y artículos en la prensa mundial sobre el desmembramiento de Polonia, la invasión a Finlandia, la debilidad del Ejército Rojo decapitado por Stalin, etcétera, fueron reproducidos en todos los países del mundo en decenas de millones de ejemplares. Crece la insatisfacción dentro de la URSS. La Tercera Internacional era incomparablemente más débil al comienzo de la última guerra de lo que la Cuarta Internacional lo es hoy.
El 25 de agosto de 1939, justo antes de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Francia y Alemania, el embajador francés Couloundre le informó a G. Bonnet, ministro de relaciones exteriores, su dramática entrevista con Adolfo Hitler a las 5.30 de la tarde:
“Si realmente pienso -observé- que saldremos victoriosos, también temo que al fin de la guerra habría sólo un vencedor verdadero: el señor Trotsky
“Interrumpiéndome, el canciller gritó: ‘Entonces, ¿por qué le han dado rienda suelta a Polonia?’” (Documentos Diplomáticos, 1938-1939, pág. 260, documento nº 242).
Dos autorizados representantes de dos potencias imperialistas, democrática una y fascista la otra, en el momento crítico anterior a la guerra buscan amedrentarse uno al otro con el nombre de un revolucionario al que los agentes de la GPU han estado tratando en vano de denigrar durante muchos años como “agente del imperialismo”. Podría aducir otra evidencia del mismo tipo. Pero no es necesaria. Hitler y Couloundre son, en todo caso, expertos políticos, mucho más serios que David Siqueiros y Lombardo Toledano.
Como ex revolucionario, Stalin entiende que el curso de la guerra debe brindar también un poderoso impulso al desarrollo de la Cuarta Internacional en la URSS. Eso es lo que explica por qué Stalin emitió una orden a sus agentes: librarse de Trotsky tan pronto como sea posible.
Los hechos por todos conocidos y las consideraciones políticas generales demuestran así, indudablemente, que la organización del atentado del 24 de mayo sólo podía emanar de la GPU. No falta, sin embargo, una evidencia complementaria.
1. Unas semanas antes del atentado, la prensa mexicana se llenó de rumores sobre una concentración de agentes de la GPU en México. Muchísimos de los elementos de esos informes eran falsos. Pero la esencia de los rumores era verdadera.
2. Lo digno de atención es la técnica excepcionalmente refinada del atentado. El asesinato falló a causa de uno de esos accidentes que forman parte de cualquier guerra. Pero la preparación y ejecución del atentado son asombrosos en cuanto a su envergadura, planeamiento, eficiencia. Los terroristas estaban familiarizados con la disposición de la casa y su vida interna; estaban equipados con uniformes policiales, armas, sierra eléctrica, escaleras de cuerda, etcétera. Pudieron amarrar a la policía apostada afuera; paralizaron a los guardias que estaban adentro mediante una correcta estrategia de fuego, penetraron en la pieza de la víctima elegida, tiraron con impunidad de tres a cinco minutos, arrojaron bombas incendiarias y abandonaron el lugar de los hechos sin dejar rastro. Una empresa así está más allá de los recursos de un grupo privado. Se debe observar en este operativo: tradición, adiestramiento, grandes recursos y gran cantidad de ejecutantes. Es el trabajo de la GPU.
3. Estrictamente de acuerdo con todo el sistema de la GPU está el afán por llevar la investigación a una vía falsa, lo que se incluía en el propio plan del atentado. Mientras que ataban a la policía, los atacantes gritaron “¡Viva Almazán!” Estos gritos artificiales y fraudulentos en la noche ante cinco policías, tres de los cuales estaban dormidos, perseguían dos objetivos simultáneos: distraer, aunque sólo fuera por unos pocos días o incluso horas, la atención de la futura investigación y alejarla de la GPU y su agencia mexicana, comprometiendo a la vez a los partidarios de uno de los candidatos presidenciales. Matar a un opositor a la par que se lanzan sospechas sobre otro es el método clásico de la GPU, más exactamente de su inspirador, Stalin.
4. Los atacantes trajeron consigo varias bombas incendiarias, dos de las cuales fueron arrojadas dentro de la habitación de mi nieto. Los participantes en el atentado, por lo tanto, no sólo tenían en vista el asesinato sino también el producir un incendio. Su único objetivo podía haber sido la destrucción de mis archivos. Esto sólo le puede interesar a Stalin, en tanto mis archivos me son de excepcional valor en la lucha contra la oligarquía de Moscú. Con la ayuda de mis archivos pude, en particular, demostrar las farsas judiciales de Moscú. El 7 de noviembre de 1936, corriendo grandes riesgos, la GPU ya había robado parte de los mismos en París. No se olvidó de ellos en la noche del 24 de mayo. Las bombas incendiarias son algo así como la tarjeta de visita de Stalin.
5. Extremadamente característica de los crímenes de la GPU es la división de tareas entre los asesinos secretos y los “amigos” legales: mientras se preparaba el ataque, junto con el trabajo clandestino de la conspiración, se llevó adelante una abierta campaña de calumnias destinada a desacreditar a la víctima elegida. La misma división del trabajo continúa después de cometido el delito: los terroristas se esconden mientras que sus abogados, abiertamente, intentan dirigir la atención de la policía hacia un terreno falso.
6. Finalmente, es imposible no prestar atención a las reacciones de la prensa mundial: diarios de todas las tendencias se manifiestan abierta o tácitamente a partir del hecho cierto de que el atentado es obra del Kremlin; sólo los diarios subsidiados por el Kremlin, y que por lo tanto cumplen sus órdenes, defienden una versión opuesta. ¡Esta es una pieza irrefutable de evidencia política!
7. La prueba más importante y convincente, sin embargo, de que el atentado fue organizado por la GPU es el hecho de que todos los cómplices del mismo sean miembros del Partido Comunista o sus íntimos “amigos”, y además el más prominente entre ellos ocupó puestos de mando en aquellas secciones del ejército español que estuvieron bajo el mando directo de la GPU (“El quinto regimiento” y “Las brigadas internacionales”).
Por qué estaba seguro de que habría un atentado
¿Por qué esperaba con tanta seguridad un atentado desde comienzos de este año? Contestando en la Corte el 2 de julio a esta pregunta del señor Pavón Flores, el abogado defensor, me referí en particular a la convención del Partido Comunista de México, que tuvo lugar en marzo de este año y que proclamó su orientación con miras al exterminio del “trotskismo”. Con el fin de que mi respuesta resulte más clara, debo suministrar algunos hechos explicatorios adicionales.
Visto que los preparativos prácticos del atentado comenzaron en enero de este año y que se necesitó un cierto intervalo para las discusiones preliminares y la elaboración del plan, puede manifestarse con certeza que la “orden” para el atentado no llegó a México después de noviembre o diciembre de 1939.
Como puede apreciarse en La Voz de México, la crisis en la conducción partidaria se remonta precisamente a ese periodo. El impulso para la crisis vino desde afuera del partido, y la crisis propiamente dicha se desarrolló desde la cúpula hacia abajo. No se sabe quién elaboró el documento especial, los llamados “materiales de discusión”, que se publicaron en La Voz de México el 28 de enero y que constituyeron una denuncia anónima a la vieja dirección (Laborde, Campa, etcétera), supuestamente culpable de una actitud “conciliatoria” hacia el trotskismo. La masa de la opinión pública estaba completamente al margen en ese momento de que, se movía detrás de esto. Pero para los observadores interesados y los iniciados era indudable que se estaba preparando algún nuevo golpe serio, sino contra el trotskismo, por lo menos contra Trotsky.
Hoy resulta absolutamente evidente que el vuelco en el Partido Comunista estaba íntimamente relacionado con la orden para el atentado emitida en Moscú. Lo que seguramente ocurrió es que la GPU encontró alguna oposición entre los dirigentes del Partido Comunista, que se habían acostumbrado a una existencia pacífica y podían temer consecuencias políticas y policiales muy desagradables a raíz del atentado. Quizás ésta sea la causa de la acusación de “trotskismo” contra ellos. Todo aquel que se oponga a un atentado contra Trotsky es, obviamente, “trotskista”.
La anónima “comisión de purga” removió a Laborde, el líder del Partido Comunista, y junto con él al Comité Central elegido en la convención anterior. ¿Quién confirió al comité de purga poderes tan inmensos? ¿De dónde viene el propio comité? No puede haberse creado por generación espontánea. Fue nombrado por personas que recibieron desde afuera sus poderes plenipotenciarios. Estas personas, obviamente, tenían sus razones para ocultar sus nombres.
Recién el 18 de febrero, después de realizado el cambio y cuando lo único que quedaba era sancionarlo, se hizo pública la composición de la nueva comisión, que se integraba sólo con mexicanos y otra vez sin ninguna indicación sobre quién los había nombrado. Para la época en que fue llamada la convención del partido, el 21 de marzo, todas las cuestiones ya estaban decididas y lo único que les quedaba a los delegados era un juramento de lealtad a la nueva conducción, que había sido creada sin ellos y con fines desconocidos para la mayoría.
Según se desprende del informe de la convención publicado por La Voz de México (18 de marzo de 1940), la discusión sobre la cuestión de “la lucha contra el trotskismo y otros enemigos del pueblo” no tuvo lugar en una sesión secreta de la convención, como ocurrió con otros temas del orden del día, sino en una sesión secreta de una comisión especial. Este solo hecho es una evidencia de que los nuevos dirigentes necesitaban ocultar sus planes incluso a una convención de su propio partido. No sé quién componía la comisión secreta. Pero es posible suponer quién la dirigía entre bambalinas.
La convención eligió, o más bien aprobó pasivamente, un “presidium honorario” compuesto por Dimitrov, Manuilski, Kusinen, Thaelmann, Carlos Contreras y otros.[3] La composición de este presidium honorario fue publicada en un folleto, ¡Fuera el imperialismo! escrito por Dionisio Encina (Edición Popular, 1940, pág. 5). Dimitrov, Manuilski, Kusinen están en Moscú. Thaelmann está preso en Berlín, mientras que Carlos Contreras está en México. Su inclusión en el presidium honorario no pudo haber sido accidental. Contreras no pertenece de ninguna manera a la nómina de los llamados “jefes” internacionales, cuya inclusión en un presidium honorario tiene carácter de ritual.
Contreras ganó por primera vez siniestra notoriedad durante la guerra civil española donde, en su condición de comisario y comandante del Quinto Regimiento, se convirtió en uno de los más crueles agentes de la GPU. Líster, Contreras y “El campesino” sostuvieron una “guerra civil” propia dentro del bando republicano, destruyendo físicamente a los opositores de Stalin, los anarquistas, socialistas, poumistas y trotskistas. Esto puede corroborarse a través de los despachos de prensa y de los testimonios de muchos refugiados españoles. No sería, por tanto, demasiado audaz suponer que el ex comisario del Quinto Regimiento y miembro del presidium honorario de la convención fue una de las palancas importantes para el cambio de la dirección del Partido Comunista a comienzos de este año. Esta suposición está por demás justificada, pues Contreras ya condujo una purga “antitrotskista” en el Partido Comunista Mexicano en 1929. Cierto es que Contreras niega su participación en el atentado. Pero en ese caso, ¿por qué fue elegido para el presidium honorario de la convención ligada con la conspiración?
Cuando seguí en la prensa los acontecimientos del Partido Comunista durante los primeros meses de este año, estaba lejos de ver la situación con la misma claridad con que lo hago ahora. Pero incluso entonces me resultaba evidente que detrás de la pantalla partidaria oficial, con su pantomima de sombras, estaba escondido el movimiento de figuras reales. En esta función las figuras reales son agentes de la GPU. Por eso esperaba un atentado.
La preparación “moral” del atentado
El esbozo original del plan de desarrollo de un movimiento de “masas” en favor de la expulsión de Trotsky de México fracasó completamente. La GPU tuvo que recurrir a un acto terrorista. Pero era indispensable preparar a la opinión pública para este hecho. Como la GPU no estaba dispuesta a reconocer su padrinazgo del asesinato, era indispensable ligar el acto terrorista con la lucha política interna de México. La Voz de México, El Popular y Futuro habían tratado anteriormente incluso de ligarme con el general Cedillo, con el general Amaro, con Vasconcelos, con un tal doctor Atl, para no mencionar a los magnates del petróleo y el comité Dies. Ahora reciben órdenes de multiplicar sus esfuerzos con ese fin. La campaña presidencial, con su perspectiva de conflictos agudos, pareció suministrar la situación más favorable para tales esfuerzos. Los cómplices intelectuales del atentado me enrolaron en el bando del general Almazán, lo cual no les impidió imputar luego la organización del atentado a los partidarios de Almazán. Esta gente se guía en su actividad por un precepto que fue aplicado por Stalin antes de ser formulado por Hitler: “cuanto más grande es la mentira más rápido se la creen”.
La preparación “moral” del atentado comenzó simultáneamente con los preparativos técnicos. La intensificación de la acción contra el “trotskismo” se hizo evidente en diciembre del año pasado. En la edición del 24 de ese mes de La Voz de México, en un artículo titulado “El papel del trotskismo”, se puede leer:
“[...] En lo que respecta al nuevo pontífice, León XXX, en vista de las treinta monedas de plata del sucio Judas, ha desempeñado su papel en la pieza elaborada para él por el comité Dies [...] León XXX interviene en las cuestiones de Latinoamérica a favor de las potencias imperialistas y completa su trabajo declarando que ‘la expropiación petrolera fue obra de los comunistas [...]’” (por Gonzalo Beltrán).
Las palabras “la expropiación petrolera fue obra de los comunistas” están separadas con comillas, como si representaran una cita de un artículo mío, lo cual me presentaría como oponiéndome a la expropiación de las compañías petroleras. Innecesario es decir que se trata de una mentira. Con mis mejores fuerzas defendí en la prensa mundial el derecho del pueblo mexicano a ser dueño de sus propios recursos naturales. Pero los falsificadores de la GPU no se dejan disuadir por tales bagatelas.
En su informe sobre la convención de marzo, Andrés García Salgado, miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, batió todos los récords logrados por el stalinismo internacional. A pesar de la natural repugnancia que me provoca, permítanme citar unos pocos ejemplos:
“[...] El gobierno de Cárdenas permitió la entrada de Trotsky, contra la opinión expresa de las organizaciones obreras; este hecho, que le permitió a Trotsky instalar en nuestro país el centro directivo de su organización internacional de espionaje al servicio de las fuerzas contrarrevolucionarias, fue sólo posible gracias al interés que los propios países imperialistas tenían en hacer de nuestro país un centro para sus actividades de espionaje y provocación.”
Ignorantes como son, estas gentes no pueden saber que ni un solo país imperialista me admitirá dentro de sus fronteras; que los líderes del imperialismo de todos los países me consideran su enemigo número uno; que los que piensan como yo son perseguidos en todos los países imperialistas; que México me ha brindado su hospitalidad porque no se trata de un país imperialista y porque su gobierno tiene una actitud seria ante el derecho de asilo. Pero los falsarios comprometidos en la preparación del atentado no tienen tiempo de reflexionar sobre estas pavadas. El señor Salgado continúa:
“Así, los espías trotskistas siempre colaboraron con el ejército de Franco, coordinando sus levantamientos y agitación en la retaguardia leal con las operaciones del enemigo.
“Trotsky, el hombre aplaudido por los patrones de Monterrey, el que facilitó todos los argumentos de las compañías petroleras contra las organizaciones obreras, y contra el gobierno, orienta su trabajo de acuerdo con los planes reaccionarios y las necesidades del imperialismo.
“Camaradas: que esto nos sirva de ejemplo para reforzar nuestra lucha contra el trotskismo y para que el jefe de esta banda de espías sea arrojado del país.” (“Echen a los enemigos del pueblo de las filas revolucionarias”). ¡Este es el informe de un “dirigente” en la convención de un partido comunista! ¡En qué letrina ha convertido la oligarquía del Kremlin lo que una vez fue la Internacional Comunista! A fuerza de emplear la selección natural y artificial el lugar de los revolucionarios fue gradualmente ocupado por trepadores, bribones y calumniadores profesionales. A este grupo pertenece también el señor Salgado. En La Voz de México, 1º de mayo de 1940, en el que se solicita completa libertad de acción para D. Siqueiros, tras el que andaba la policía, se publica un manifiesto oficial del partido dirigido al pueblo que dice:
“¡Arrojen a los agentes imperialistas fuera de México! Los espías extranjeros y los provocadores deben ser expulsados del país y en primer lugar su jefe más siniestro y peligroso: León Trotsky [...]”
Defender a D. Siqueiros contra el gobierno mexicano y al mismo tiempo demandar de este mismo gobierno represión contra Trotsky, durante las tres semanas previas al atentado, ¿qué es esto sino su preparación?
El 19 de mayo de 1940, cinco días antes del atentado, encontramos en La Voz de México un artículo en el que el frenesí calculado llega al paroxismo:
“Trotsky, el ‘viejo traidor’, como una vez lo calificó el camarada Lombardo Toledano, nos demuestra cada vez que puede que cuanto más viejo se vuelve más canalla v cínico se muestra”. (“El traidor Trotsky”).
“Espía a sueldo de las fuerzas reaccionarias, agente del comité Dies en México [...] La responsabilidad de Trotsky en la conspiración que los traidores a México, agentes de las compañías petroleras y también del comité Dies [...]
“Trotsky. debe responder ante las autoridades del país por sus actitudes antiproletarias y antimexicanas y cesar en sus imbecilidades.
“Ultimamente, el traidor, soñando quizás con revivir los días en los cuales podía organizar su propio juicio, juzgarse a sí mismo valiéndose de sus amigos en la casa de Diego Rivera, lanza una campaña para que un tribunal examine los cargos que se barajan contra él, de ser un agente del comité Dies, lo que confesó en sus propio declaraciones públicas.
“Resulta claro que Trotsky busca una tribuna para continuar con su nefasta actividad contra los trabajadores de México. Pero el pueblo no le dará esa tribuna.
“Con respecto a Trotsky, los trabajadores de México ya han pronunciado su opinión en el sentido de que debe ser expulsado del país.
No hubiera sido para sorprenderse demasiado que el artículo hubiera llevado la firma colectiva: David Siqueiros, Néstor Sánchez Hernández, Luis Arenal, David Serrano, Mario Pavón Flores.
En otro artículo de la misma edición se manifiesta que Trotsky está preparándose para “apoyar a los provocadores y asesinos, ansiosos de intervenir en los asuntos internos de México [...]” Más adelante:
“En lo que respecta a Trotsky, recordemos que este canallesco traidor acaba de lanzar un desafío para que El Popular y la revista Futuro presenten dentro de las setenta y dos horas sus acusaciones -que son las de todo el movimiento revolucionario de México y del mundo entero- contra la cabecita senil de la Cuarta Internacional.
¡Qué pez escurridizo es el viejo traidorzuelo! Él sabe muy bien que en setenta y dos horas apenas si se podría iniciar la lista de sus felonías, delitos, complicidades con los enemigos de todos los pueblos, comenzando con los de la URSS, China y España.”
La última edición de La Voz de México, anterior al atentado, está dedicada principalmente, como hemos apreciado, a acosar a Trotsky y presentar una monstruosa acumulación de acusaciones y calumnias. Esta es la forma en que escribe la gente que se está preparando para cambiar la pluma por la ametralladora. El consejo de redacción de La Voz de México conocía el inminente atentado y estaba preparando a la opinión pública de su propio partido y a los círculos de simpatizantes.
Es imposible admitir, siquiera sea por un momento, que los responsables de La Voz de México, mayores de edad y cuerdos, creían lo que escribían sobre mí. Mienten fríamente, siguiendo órdenes de arriba. Y revelan doblemente su malicia, añadiendo a las calumnias que reciben ya hechas de Moscú sus propias invenciones acerca de mi “participación” en el levantamiento de Cedillo, mi “alianza” con Dies contra México o mi participación en la campaña electoral. Los mentirosos rehúsan suministrar pruebas con el pretexto de que no desean brindarme una “tribuna” o darme... “publicidad”. ¡Y cuando los llamo mercenarios de Stalin, me amenazan con mandarme a la cárcel por “difamación”!
Esta es la escuela del stalinismo. El cinismo ideológico y la desvergüenza moral son sus rasgos fundamentales. Esta gente no tiene respeto alguno por los hechos y los documentos; nunca formula sus acusaciones clara y definitivamente; sus calumnias tienen la característica de la mancha que se extiende. Desde la URSS, donde nadie se atreve a contradecir a Stalin o a sus colegas, el espíritu de servilismo, obsecuencia y cinismo se ha esparcido por toda la Comintern, envenenando hasta la médula al movimiento obrero.
Ocultando los rastros de la GPU
Los primeros días posteriores al atentado los señores Inspiradores se escondieron en sus cubiles. Temían que sus colegas “militares” pudieran caer en manos de la policía. Las insinuaciones de la prensa de la GPU fueron cautas al principio. Pero cada día que pasaba les dio coraje a estos caballeros. A través de múltiples canales pusieron en circulación la estúpida y vil versión del “autoatentado”. Hasta fines de mayo, la policía, despistada por los cómplices morales del delito, no pudo, como se sabe, seguir la pista correcta de los criminales En los círculos stalinistas los espíritus resplandecieron. En su edición del 1º de junio, La Voz de México ya describe e; atentado como “una grotesca farsa”.
“Los hechos que han ocurrido recientemente en México, llevados a cabo inteligentemente por el miserable Trotsky y su banda. ponen notablemente de relieve las características de provocación que contienen [...]
“Trotsky es un agente entregado en cuerpo y alma al capitalismo internacional, al que sirve como una herramienta dedicada al servicio de sus intereses. Y en este caso no tuvo inconveniente en rendirle un servicio mas mediante el “atentado” del que fue objeto en la mansión donde vive.”
El periódico no explica para qué necesitaban el “capitalismo” y el propio Trotsky tan sorprendente empresa.
“Cuanto más grande sea la mentira, reza el precepto de Hitler-Stalin, más rápidamente se la creen.”
La Voz de México, se esfuerza con alma y vida por conseguir una coartada para el Partido Comunista. Esto es humanamente comprensible. Pero el periódico no para allí; también se aboca a la defensa de la GPU.
“[...] La provocación en la que está involucrado el propio Trotsky tiene además las características de una provocación antisoviética.” (10 de junio de 1940).
¡Evidentemente! A través del “autoatentado” Trotsky trató de comprometer la pureza inmaculada de la GPU.
En el mismo número los editores declaran:
“Hemos recibido algunas declaraciones de la sección mexicana de la Sociedad de Veteranos de la República Española en la que manifiestan que el “atentado” contra el contrarrevolucionario León Trotsky es una vulgar maniobra de la reacción y el imperialismo contra el pueblo mexicano.”
¡El presidente de la sección mexicana de la sociedad no es otro que David Alfaro Siqueiros! El organizador de un atentado protestó contra “una vulgar maniobra de la reacción”. Aquí los editores se engañan completamente. Para probar su coartada están obligados a demostrar que la GPU, de la que no se pueden disociar, no estuvo implicada en el caso. Y con el fin de probar mi “autoatentado” les resulta necesario apelar a la alta autoridad de D. A. Siqueiros. En todo esto hay elementos de manicomio. La insolencia y la impudicia llegan fácilmente al borde de la insania Pero en esta insania hay un método, indisolublemente ligado al nombre de la GPU.
Presentando el testimonio imparcial de Siqueiros, La Voz de México escribe por su parte:
“Trotsky [...] es uno de los principales inspiradores de la quinta columna, un punto de apoyo para la reacción mexicana y el imperialismo yanqui, un agente a sueldo de los peores carniceros del pueblo mexicano.”
El temor habla aquí en un lenguaje fóbico. Esta gente teme tener que responder por el atentado realizado el 24 de mayo.
No hay necesidad de analizar edición tras edición de esta despreciable publicación stalinista, que se arrastra entre la policía mexicana y la GPU. La conducta de La Voz de México durante las semanas críticas muestra incontrovertiblemente que sus directores estaban al tanto desde el principio de que el atentado era organizado por la agencia de Stalin. Conocían el papel de D. Siqueiros en el atentado. Sabían que Robert Harte no era cómplice del atentado, sino su víctima. Al crear la teoría del autoatentado y sembrar calumnias contra Harte, actuaron en función de los intereses de la GPU y al mismo tiempo de los suyos propios.
La conclusión es evidente: si la GPU hubiera tenido un órgano oficial en México, éste no habría conducido los preparativos del atentado y luego encubierto los rastros del mismo con mayor celo y desvergüenza con que lo hizo La Voz de México.
La teoría del “autoatentado”
Desde el primer día de mi llegada a México (enero de 1937), la policía tomó medidas especiales para protegerme de posibles atentados. Las autoridades, sin duda, deben de haber tenido serias razones para ello. La policía me protegía, se podría pensar, no contra el comité Dies, que no existía todavía en 1937; ni contra los “partidarios de Almazán”; ni contra el “autoatentarlo”. A la pregunta, ¿contra quién me protegió la policía mexicana en el curso de los tres años y medio anteriores al atentado del 24 de mayo?, cabe sólo una respuesta racional: contra la GPU.
Sin embargo, cuando el atentado realmente tuvo lugar, y además en una forma que revelaba todas las características de la policía secreta de Stalin, un determinado sector de la prensa mexicana (La Voz de México y sus ecos, EL Popular y Futuro) lanzaron una campaña destinada a probar que la GPU no tenía nada que ver con el mismo. Sólo la insolencia disciplinada de los agentes de la GPU podía haberle conferido a la absurda idea del “autoatentado” una imagen de verosimilitud.
¿Qué objetivo podía perseguir yo al arriesgarme en una empresa tan monstruosa, repugnante y peligrosa? Nadie lo ha explicado hasta ahora. Se sugiere que quise denigrar a Stalin y su GPU. ¿Pero es que otro atentado agregaría algo a la reputación de un hombre que destruyó a toda una generación del Partido Bolchevique? Se dice que quiero probar la existencia de la “quinta columna”. ¿Por qué? ¿Para qué? Además, los agentes de la GPU se bastan para perpetrar un atentado, no hay necesidad de una misteriosa quinta columna. Se dice que quise crearle dificultades al gobierno mexicano. ¿Qué posibles motivos pude haber tenido para crearle dificultades al único gobierno que ha sido hospitalario conmigo? Se dice que quise provocar una guerra entre Estados Unidos y México. Pero esta explicación pertenece completamente al terreno del delirio. Para provocar tal guerra en todo caso habría sido mucho más expeditivo organizar un ataque al embajador yanqui o a los magnates petroleros y no a un bolchevique revolucionario, ajeno a los círculos imperialistas y odiado por los mismos.
Cuando Stalin organiza un atentado para asesinarme, el significado de sus acciones es claro: quiere destruir a su enemigo número uno. Stalin no corre riesgos por eso; actúa a larga distancia. Por el contrario, organizando el “autoatentado”, yo tengo que asumir la responsabilidad por esa empresa; arriesgo mi propia suerte, la suerte de mi familia, mi reputación política y la reputación del movimiento al cual sirvo. ¿Qué puedo ganar con ello?
Pero incluso si se admite lo imposible, es decir, que después de renunciar a la causa de toda mi vida, y tras pisotear el sentido común y mis propios intereses vitales, decido organizar el “autoatentado” en razón de algún objetivo desconocido, aún queda vigente la siguiente pregunta. ¿Dónde y cómo conseguí veinte participantes? ¿Cómo les suministré los uniformes policiales? ¿Cómo los armé? ¿Cómo los equipé con todos los elementos necesarios?, etcétera. En otras palabras, ¿cómo un hombre que vive casi completamente aislado del mundo exterior se las ingenia para posibilitar una empresa sólo concebible para un aparato poderoso? Permítanme confesar que me siento confundido al tener que someter a la crítica una idea que está más allá de toda posibilidad de crítica.
Los agentes de Stalin se están preparando para proclamar que Siqueiros es... un agente de Trotsky
Los dirigentes del Partido Comunista están dedicados ahora a complicadas maniobras que atañen a la persona de Siqueiros. El objetivo de estas maniobras es sacrificar a Alfaro Siqueiros, desacreditarme y salvarse ellos. Sin embargo, los resultados de tan supercomplicada intriga pueden probar exactamente lo contrario de lo que esperan los estrategas de la GPU.
La maniobra la inició David Serrano, miembro del buró político, y consecuentemente uno de los dirigentes oficiales del Partido Comunista. El 19 de junio sus declaraciones fueron publicadas en la prensa de la siguiente manera:
“Dijo que inmediatamente después de los hechos de Coyoacán, el Partido Comunista había hecho una investigación para descubrir lo que había ocurrido. Y que desde entonces esta investigación había girado sobre Alfaro Siqueiros, elemento descontrolado al que se consideraba medio loco... Y que desde entonces habían tenido sospechas de Alfaro Siqueiros, con el que aparecían constantemente un tal Blanco y Antonio Pujol, su discípulo y ayudante personal.”
Esa denuncia contra estrechos camaradas, cómplices en el atentado, habría sido absolutamente imposible en las filas de un partido revolucionario. Pero entre los stalinistas la regla es “salus GPU suprema lex”. Al referirse a Siqueiros como a “un elemento incontrolado y medio loco”, D. Serrano está tratando de distraer la atención lejos del Kremlin y de sí mismo.
El 23 de junio, cuando las características generales del atentado y los nombres de los principales responsables ya habían sido revelados, La Voz de México publicó la siguiente declaración del Partido Comunista:
“Numerosas personas aparecen implicadas directa o indirectamente, entre ellas David Alfaro Siqueiros, calificado como cabecilla del atentado [...] El Partido Comunista Mexicano declara categóricamente que ninguno de los participantes en la provocación es miembro del partido; que todos ellos son elementos incontrolables y agentes provocadores [...]”
Con diferentes variantes, esta declaración se repitió durante los días siguientes. Desde entonces Siqueiros ha sido declarado no sólo “medio loco” sino también “agente provocador”.
Las declaraciones de D. Serrano relativas a Siqueiros y a A. Pujol fueron una señal para declaraciones similares de parte de los restantes detenidos. “Serrano Andonegui dio la primera información sobre Alfaro Siqueiros y luego los dos espías desearon ampliar sus declaraciones [...]” Desde entonces los acusados descargaron la responsabilidad total sobre D. Siqueiros. Mateo Martínez, un miembro del partido, al principio admitió que D. Serrano, miembro del buró político, “es un hombre capaz de cualquier cosa, como, por ejemplo, el atentado contra Trotsky”. Pero, obviamente, bajo la influencia benéfica de su abogado, el señor Pavón Flores, miembro del Comité Central del partido, Mateo Martínez súbitamente comprendió que D. Serrano no tenía nada que ver con el atentado y que sólo agentes provocadores como Siqueiros eran capaces de tales acciones.
Atrincherados en esta posición, los stalinistas comenzaron a avanzar... El 2 de agosto, D. Serrano ya había atestiguado, a juzgar por los diarios, que yo le dí dinero a Siqueiros para un periódico o algo parecido, o para... el “autoatentado”. El objetivo de este nuevo absurdo está a la vista: a David Alfaro Siqueiros se lo está transformando gradualmente en un... trotskista. “Cuanto más grande es la mentira, más rápido se la creen”, reza el precepto de Hitler-Stalin.
Una intensa investigación se está desarrollando, sin duda, detrás del escenario de la investigación oficial. La GPU no desea ceder. A pesar del cadáver de Robert Sheldon Harte, a pesar de las confesiones de los arrestados, la GPU quiere revivir la versión del autoatentado. ¡Sería muy conveniente para una cantidad de personas de reputación muy sucia! Además, la GPU dispone de inagotables recursos económicos.
En la totalitaria Moscú una maquinación de este tipo podría haberse instrumentado sin dificultad. En México es distinto. Aquí, los agentes de la GPU, incluyendo a D. Serrano y su abogado Pavón Flores, frenan su celo. Mienten demasiado crudamente. Se contradicen sin problemas. Se olvidan hoy de lo que hicieron y dijeron ayer. Lo demostraremos enseguida con plenas evidencias. El objetivo de estas líneas es impedir que la GPU confunda a la opinión pública, aunque sólo sea por pocos días, con su intriga.
¿Cómo eran las verdaderas relaciones entre el Partido Comunista y Siqueiros antes del atentado? Eran de íntima colaboración, completa unidad de miras y método; eran relaciones de amistosa división del trabajo. Sin duda, Siqueiros nunca rompió con el Kremlin. Tuvo, indudablemente, “desavenencias” con este o aquel dirigente del Partido Comunista Mexicano. Ese ambiente se caracteriza generalmente por las rivalidades, intrigas y acusaciones mutuas. Pero Siqueiros nunca rompió con el Kremlin. Continuó siendo un leal agente de Stalin. En España, él junto con D. Serrano trabajaron bajo la dirección de los agentes soviéticos de la GPU. Retornó a México como agente de confianza de Moscú. Todos los grupos stalinistas o semistalinistas le rindieron honores. EL Popular y Futuro le dedicaron artículos encomiásticos. ¿Cómo es posible que Lombardo Toledano, V. Villaseñor, Alejandro Carrillo, nunca sospecharan siquiera que Siqueiros era “medio loco”, “agente provocador” e incluso “trotskista”?
En diciembre de 1939, cuando ya se estaba elaborando el plan del atentado en el círculo estrecho de los conspiradores, el Partido Comunista organizó un acto en honor del sexagésimo cumpleaños de Stalin, “el guía genial, orgullo del proletariado mundial”. En un relato del acto en La Voz de México del 21 de diciembre se lee:
“El mensaje arriba trascripto fue aprobado en medio de un atronador aplauso por los concurrentes a la conmemoración del sexagésimo aniversario de Stalin en el teatro Hidalgo [...] En el presidium estaban los camaradas James Ford, Alfaro Siqueiros, Rafael Carrillo, Valentín Campa, Andrés Salgado y la escritora española Margarita Nelkin [...]” De este modo, el “medio loco” y “agente provocador” Siqueiros, hace tiempo “expulsado” del partido, se sentó en el presidium del acto junto con Ford, candidato del partido stalinista a la vicepresidencia de Estados Unidos, y otras luminarias de la Comintern. David Alfaro Siqueiros (sin que se sospechara aún su “trotskismo”) firmó con gran satisfacción el entusiasta telegrama enviado a Stalin, de quien había recibido, poco antes, la orden de organizar el atentado.
En el mismo número de La Voz de México encontramos lo siguiente: “Un caso similar es el del camarada David Alfaro Siqueiros, enviado ilegalmente a juicio por falso testimonio por empleados no jerárquicos de la policía del Distrito Federal. En nuestra opinión todas las organizaciones deben actuar en el caso del camarada Siqueiros”.
La Voz de México llama al “trotskista” Siqueiros “camarada”, y defiende celosamente contra la policía mexicana a un agente provocador.
El 14 de enero de 1940, cuando ya Siqueiros había iniciado la organización práctica del atentado, La Voz de México informó sobre otro acto comunista:
“Luego Siqueiros ocupó la tribuna para demostrar el verdadero carácter de la ‘prensa independiente’, que se vende al mejor postor y que cambia su opinión según el patrón que le pague... Alertó a todos, al pueblo y sus organizaciones, sobre el peligro de una insurrección reaccionaria, afirmando que el Partido Comunista Mexicano está movilizado para la lucha con el fin de dar su respuesta en la forma que fuera necesaria a la agresión de los imperialistas y los traidores nacionales.” Como principal orador de un acto comunista, D. Siqueiros no sólo se solidariza con el partido que lo “excluyó” sino que habla autorizadamente en su nombre “afirmando que el Partido Comunista Mexicano está movilizado para la lucha”. Un lenguaje así sólo puede ser empleado por un dirigente partidario. El consejo de redacción de La Voz de México, a su vez, se solidariza completamente con el combativo discurso del “camarada” Siqueiros.
En la edición del 1º de mayo de La Voz de México encontramos el siguiente artículo:
“[...] El juicio de Siqueiros está por terminar. Existe el peligro de que sea condenado, a causa de la corrupta influencia de los periódicos comerciales. Es necesario, por tanto, que la solidaridad de los trabajadores se manifieste en un inmediato apoyo al ‘Comité por la definitiva libertad de Siqueiros’.” (“Por la libertad de Alfaro Siqueiros.”)
Sólo faltaban tres semanas para el atentado: Siqueiros, al que la policía dedicaba una desagradable atención, fue urgentemente requerido por la GPU. Los editores de La Voz de México acudieron en su defensa, incapaces de prever que un mes más tarde aproximadamente proclamarían que su destacado camarada era un “agente provocador”.
Las mismas cínicas contradicciones, en menor escala, aparecen en las relaciones del Partido Comunista con el señor Rosendo Gómez Lorenzo. Según la prensa del 19 de junio, “en lo que respecta a Rosendo Lorenzo, él [D. Serrano] dijo que sabía que había sido expulsado del partido debido a ciertos manejos fraudulentos”. Esta versión fue repetida también por La Voz de México, que caracteriza a R. G. Lorenzo como un ladrón común que se apropió de fondos recolectados por el partido.
Luego, el 23 de junio, creyendo seguramente que la participación de Lorenzo no estaba probada y considerando que quizás podría necesitárselo, La Voz de México escribió en otro tono:
“Igual furia se ha manifestado contra el periodista Rosendo Gómez Lorenzo, a quien los periodistas sin honor odian con miserable resentimiento a causa de su posición en favor de las fuerzas revolucionarias.”
¡El hombre que ayer fue declarado ladrón, al día siguiente es descripto como un mártir de la causa revolucionaria!
Hemos visto cómo D. Serrano se refirió despreciativamente a Pujol como “discípulo y ayudante personal” del medio loco Siqueiros. Evidentemente, D. Serrano podía no tener nada en común con Pujol. No obstante, El Popular del 4 de enero de 1939 publicó un telegrama de Barcelona fechado el 2 del mismo mes y enviado a la CTM que dice:
“Veteranos mexicanos más cerca de la repatriación deseámosles Feliz Año Nuevo en la lucha revolucionaria unida contra la reacción y el fascismo. Por el comité: Pujol, secretario general; Talavera, secretario de agitación y propaganda; Justo, secretario de organización.”
Justo no es otro que David Serrano. Este telegrama sólo atestigua con toda evidencia la estrecha colaboración existente entre D. Serrano y Pujol y, consecuentemente, con el propio Siqueiros.
¿No podría la GPU pedirle mañana a Siqueiros, bajo amenaza de muerte, que confiese haber sido secretamente un “trotskista”? ¿No puede Siqueiros declarar que Robert Sheldon Harte fue muerto durante el “autoatentado”? ¿No puede el propio D. Serrano confesar que él fue simplemente un agente de Dies para organizar asesinatos políticos? ¿No puede El Popular estar ya preparando un editorial sobre este tema? ¿No podemos prever por anticipado el estilo de la indignación patriótica? ¡Que prueben! Moscú creó hace tiempo los modelos clásicos para esas transacciones. Aguardamos con calma la nueva intriga. No necesitamos inventar nada. Sólo colaboraremos para dilucidar la lógica de los hechos. ¡Contra esta lógica los falsificadores se romperán la cabeza!
(Continua con "¿Por qué los stalinistas repudian su propia artimaña?"
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