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Cuento: ASI FUE LA PALOMILLADA A FINES DE LOS 80s / LA BANDA VIAJERA*
by CARLOS LUMENOR / EL SANMARQUINO
Thursday, Dec. 08, 2005 at 6:40 PM
carloslumenor@hotmail.com
Desde el año 85 y hasta fines del 90 existió en El Agustino, una banda de fieros pandilleros autodenominados la banda viajera. Era una patota de adolescentes que operaba en las zonas planas y urbanas del distrito. Dominaban las riberas del río Rimac, el ahora Puente Nuevo y parte de Zarate. Sus miembros más destacados salieron de Vicentelo Bajo, un barrio pobre y marginal, cuyos moradores han sabido forjar sus reales sobre un antiguo relleno sanitario ubicado en el margen izquierdo del río hablador.
Cuento: ASI FUE LA PALOMILLADA A FINES DE LOS 80s / LA BANDA VIAJERA* Desde el año 85 y hasta fines del 90 existió en El Agustino, una banda de fieros pandilleros autodenominados la banda viajera. Era una patota de adolescentes que operaba en las zonas planas y urbanas del distrito. Dominaban las riberas del río Rimac, el ahora Puente Nuevo y parte de Zarate. Sus miembros más destacados salieron de Vicentelo Bajo, un barrio pobre y marginal, cuyos moradores han sabido forjar sus reales sobre un antiguo relleno sanitario ubicado en el margen izquierdo del río hablador. Es una barriada tan cerca de Palacio de Gobierno y quizás por ello ha sido y es tantas veces postergado. Esto es una realidad palpable que ha signado la historia de El Agustino: casi es parte del centro de la ciudad, ha estado siempre en la periferia del poder y sus gobernantes, pero siempre lejanos a los beneficios de sus políticas.
La banda tuvo alrededor de una decena de integrantes: todos jóvenes de diferentes colegios estatales de Lima, que apenas y a media caña culminaron la secundaria e irrumpieron en la mayoría de edad en una época donde los hombres y mujeres de este país debían de convivir; no solamente con la violencia política, sino también, con otras formas de opresión como la pobreza, la falta de oportunidades, la discriminación racial y la corrupción que termino excluyéndolos.
Durante aquellos años era el menú cotidiano leer en los diarios, ver en la TV y hasta presenciar en directo gigantescos desplazamientos de uniformados en operativos de rastrillaje, también circulaba en El Diario abundante material fotográfico sobre arrasamientos de poblados y decenas de cadáveres en fosas comunes. Los vicentelinos cuentan que los militares se movilizaban durante las madrugadas por la Vía de Evitamiento sur, formando columnas interminables de tanquetas y blindados remolcando cañones y armamento pesado, en la retaguardia varias decenas de portatropas iban repletos de jóvenes y adolescentes anónimos enrolados y hasta capturados por la fuerza o el engaño durante las batidas y levas que realizaban a diario en los suburbios y barrios marginales de la ciudad.
El suceso anecdótico, motivo de este relato, se origina cuando uno de los palomillas es llamado para alistarse al servicio militar en la aviación. Donde las formas de admisión y alistamiento eran muy temidas y por eso mismo era todo un reto y después un orgullo, haber soportado maltrato y humillación, era un ritual macabro de conversión por el que los nuevos reclutas o “perros” de la FAP, debíamos de transitar para obtener la ansiada libreta militar.
La noche del 28 febrero del ochentiséis, Carliño, se mostraba triste, confundido e indeciso de acudir o no al llamado de la patria. Sabia por experiencia ajena que sí se presentaba sería inmediatamente alistado y rápidamente despachado para Ayacucho, Apurimac o quizás a la tierra materna: Huancavelica, ha acribillar o acuchillar a los paisanos de Sendero Luminoso. Cuentan que sólo los heridos obtenían permisos para regresar a sus lugares de origen para recuperarse, los ilesos estaban prohibidos de salir de las zonas de emergencia, los otros eran embolsados y devueltos a sus deudos. Pese a sus temores y con el afán de ser alguien algún día decidió por fin acudir a la mañana siguiente y con la muda que tenia encima. Pero a férrea insistencia de sus camaradas Lucho’s y Peluy, aceptó partir en ese momento.
Alrededor de las 10 pm abordaron en el Cementerio El Ángel un microbús de la línea 10 con destino al Campo de Marte. El trayecto fue corto: bajaron por la avenida El Cementerio hacia el jirón Junín y rozando el Congreso traspasaron los Barrios Altos. Continuaron por la avenida Abancay hasta Hiraoka, luego voltearon a la derecha hacia la plaza Unión para luego desembocar en la avenida Alfonso Ugarte con rumbo a la plaza Bolognesi. El microbús en este trecho de su ruta estaba abarrotado de pasajeros. Esto motivo que los jovenzuelos se inquietaran y en un cruce de muecas y señas denotaban angustia. La razón era simple: se encontraban cerca y a pocas cuadras de su destino y no contaban con un cobre en los bolsillos con que pagar el pasaje. El microbús avanzó a media velocidad alrededor de la rotonda de la Plaza Bolognesi y luego ingresó a la avenida Brasil. Entonces e inesperadamente los palomillas abandonaron sus asientos y disimuladamente se dirigieron a la puerta de escape esperado llegar hasta el próximo paradero. Apenas se detuvo el vehículo el flaco Lucho’s, abrió con un sólo tirón la puerta de emergencia y un santiamén se arrojaron los tres al asfalto y fugaron dispersos amparados en la semi oscuridad de la noche.
Silbando, silbando... silbándose lograron comunicarse y reagruparse en la esquina de una calle sin importancia de Jesús María y en seguida entre risas y pavoneos por sus recientes hazañas continuaron avanzando hacia el Campo de Marte. Era casi media noche y las calles del viejo distrito limeño se mostraban desiertas y dormitaban silenciosas sintonizados con el pobre alumbrado publico. Caminaron cuadra tras cuadra y a su paso iban quedando las fachadas de viejas quintas y añejos solares de grandes puertas y ventanas y rejas coloniales que protegían los jardines. Comentaban al paso: ¡ que bonitos jardines ! muy coloridos bien cuidados y enrejados. En cambio, allá en Vicentelo, la vegetación florece y pervive a la intemperie en los escasos humedales y en las riberas del río hablador, allí se refugian, además de avezados malhechores, una flora silvestre de carrizos, chilcas y gramalotes. Allí crecieron alegres y libres. El los vio crecer y chapalear en el remanso de sus olas.
Es durante esta larga caminata cuando los viajeros se ven envueltos sin quererlo en una trifulca sangrienta y callejera. Suceso violento y muy común en su medio.
Entonces:
- ¿Oe huevón, cuanto falta pa’ llegar?, Pregunto inquieto Peluy.
- Ya falta poco cojudo, camina nomás- replicó Lucho’s, en el preciso momento en que manyó a un trío de borrachos y a una mujer que a risotadas festejaban la decrepitud del domingo.
De inmediato Peluy, señaló excitado:
- Mira a esos tíos, están chupando con una chibola.
- Si y la cojuda esta huasca, respondió Lucho’s, aguzando la visión.
Conforme iban acercándose la escena fue esclareciéndose: sentados al filo de la acera, tres tipos blanquiñosos y apitucados bebían ron, fumaban marihuana y reían escandalosamente. Uno de ellos, el más alto, abrazaba a una mujer y la besuqueaba insistentemente.
- Ahí cobra caballero la chibola, ¡y en macha¡ -siguió hablando, Lucho’s, a los suyos.
- Y no va a ser- agrego Peluy, y de repente:
- Cállense ¡carajo! y caminen rápido...- vocifero Carliño, tratando de cortar los impulsos avivados de sus camaradas
A pocos metro del fatal encuentro, los bohemios con una ojeada fría y celosa escrutaron a los foráneos. Gélido gesto que fue percibido por los viajeros como una provocación y un mote duro de roer. La situación era tensa y cuestionó su reputación de fieros y temidos, allá en su barrio. Entonces, y cuando se ya habían sopesado visualmente ambos bandos, uno de los fumones, el mas grandote y alocado lanzó un insulto:
- Y estos “pacharaquitos” de dónde han salido? – y los suyos JA JA JA, JA, JA, rieron a carcajadas.
El agravio fue directo y sorpresivo, al punto que quedaron enmudecidos, humillados y ofendidos en la autoestima. Siguieron avanzando enfurecidos por la afrenta sufrida. Fue entonces cuando el cajonero Lucho’s, monto en un berrinche de ira y embravecido quiso volver a batallar con los provocadores. Pero los demás sabíamos que no había posibilidades de ganar con las manos vacías. Acalorados y discutiendo llegaron por fin al Campo de Marte. Era un enorme bosque, oscuro y mal oliente. De pronto una manada perros chuscos y cruzados atravesó la calle cargando en sus hocicos bolsas de basura que habían conseguido en la esquina próxima donde sobresalían imponentes montículos de basura. Sin pensarlo dos veces se zambulleron al muladar a buscar algún objeto contundente y útil para guerrear, antes tuvieron irrumpir con gritos para ahuyentar a las ratas, gatos y perros que buscaban pacíficamente su sustento. A los pocos minutos los viajeros emergieron transformados en guerreros galácticos pertrechados con palos de escobas, botellas vacías de vidrio y un montón de piedras en los bolsillos del overol y cuanto objeto sirva para matar.
- Con esto sí ¡carajo! van a correr esos conchadesumadres- amenazaba Lucho’s empuñando en lo alto un filudo, puntiagudo y destellante pico de botella.
Sigilosos y resueltos iniciaron el retorno dispuestos a vengar y con creces la afrenta sufrida.
Peluy, avanzaba lentamente por una acera de la calle, Carliño en la otra, y en el medio, en la pista Lucho’s, era el vanguardia de ataque. De cerca al territorio enemigo los observamos a escondidas desde los jardines. Los tipos estaban bailando en plena calle botella en mano y con el pantalón en las rodillas. El grandote fumaba grifa con la chibola y de paso le manoseaba las tetas y el culo.
De pronto:
YAAAAAAAAAAAAAAA! Un estrepitoso grito fue la señal y la banda viajera se abalanzó anticipándose a sus agresores y antes de que reaccionaran, ya un palazo retumbo en la espalda del atrevido, dejándolo quebrado y sin respiración. Peluy se abalanzó botella en mano sobre el otro insolente y le reventó un botellazo en el occipital que lo madrugó. La mujer empezó a chillar y un botellazo estalló cerca a sus pies. Carliño, era diestro y puntero con las piedras y cada lanzada impactaban en sus cuerpos y sangraban sus cabezas. Ella seguía chillando inmóvil, histérica y aterrada por la matanza. Hasta que por fin y a duras penas, maltrechos y ensangrentados lograron escapar tras una feroz persecución por varias calles.
Los atacantes inmediatamente regresaron al lugar del trágico encuentro a buscar a Peluy, quien había acorralado a la chibola. Cuando lo encontramos la había cercado en un jardín. Se acerco él y ella corrió hacia la trampa, un callejón cerrado por un cerco metálico donde quedo atrapada y a merced de los guerreros, siendo ahora una presa fácil e indefensa, atractiva, contorneada y provocativa. Ella se dio cuenta de su ingrata situación y empezó a gimotear pidiendo que no la chifen. Lucho’s, sin apiadarse se aventó sobre ella enloquecido a cogerla de las manos, la mujer lo esquivo y cuando iba a escapar, Peluy la cogió con fuerza por la cintura y ella:
-¡no!, ¡no!, ¡no! ¡por favor!- gemía con llanto entrecortado y lastimero.
- ¡Calla cachera de mierda- le respondió mientras luchaba excitado por levantarle la falda y no cesó hasta arrancarle de un tirón el diminuto calzón rojo.
Y cuando parecía consumado la múltiple violación, una voz altisonante e imperativa detuvo el delito:
¡Ya carajo! Suéltenla conchadesumadre– la interrupción enardeció aun más la excitación de los violadores y encendidos e iracundos volvieron la mirada con la intención de liquidar al entrometido... y grande fue su sorpresa cuando tuvieron al frente a Carliño enfrentándoseles armado con un filudo pico de botella. Tenia los ojos inyectados de sangre por la indignación. La escena se puso tensa y ninguno se atrevió a iniciar lo esperado: un duelo, la mujer aprovecho el momento y trepó con una agilidad de gata el enrejado que le corto antes la huida. Los viajeros sólo atinaron a revivir en el rostro ajeno cuando volvieron a escuchar los gritos de la mujer esta vez pidiendo auxilio a la policía. Entonces en el acto convenimos en emprender la retirada.
- ¿Cuánto falta pa’ llegar.....?
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Los más conocidos son: El enano Kike, el narizón Marco, el loco Canan, el Zanahoria, el loco Lucho´s, el chato Monzón, el bocón Henry y el erótico Peluy.
Lucho’s, era en este mundo un jovenzuelo pintón, flacucho y pendenciero: su primacía en edad y maña le permitía ciertas injerencias en sus coetáneos, Carliño y Peluy, quienes veían en él no solo al jefe, sino también al rival a quien destronar en cualquier momento. Peluy y Carliño, eran casi de la misma edad y estatura, pero antípodas en sentimientos y carácter, disputando este ultimo el liderazgo del grupo.
* MVO
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