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LA REBELION DE LAS MASAS (La jornada del 11 de julio)
by Gustavo Espinoza M.
Saturday, Jul. 07, 2007 at 2:01 PM
gustavoe@terra.com.pe
Una serie sucesiva de luchas populares han ido afirmando el camino de la resistencia al neoliberalismo. El papel protagónico en esta batalla lo han tenido las masas populares que una vez más han dado muestras de unidad, capacidad de combate y organización. La Vanguardia que el paìs necesita se está construyendo "desde abajo" con el ejemplo valeroso de las multitudes-
LA REBELION DE LAS MASAS
Por GUSTAVO ESPINOZA M. (*)
En el marco de una delicada situación política, cuando ocurren agudos conflictos sociales en diversos lugares del país, el movimiento sindical busca librar su propia jornada de protesta el miércoles 11 de julio próximo. Podría ser el momento cumbre de un proceso aluvional que se alimenta con el desengaño de las multitudes y la desesperación de un pueblo que comprueba una vez más su frustración.
La Confederación General de Trabajadores del Perú –la CGTP- ha programado, en efecto, una acción de lucha que se expresará de diversas maneras. En algunos casos, habrán paralizaciones laborales; en otros, movilizaciones de trabajadores, pronunciamientos y acciones de distinto nivel de combatividad acordes con el grado de organización y de conciencia alcanzado por los sindicatos. Pero en todos, la expresión común será el rechazo masivo a la política gubernamental del Presidente García que insiste en remachar el modelo neo liberal que ha fracasado en el país y que es mayoritariamente repudiado por la población.
Los trabajadores de importantes sectores de la producción han sostenido prolongadas y sacrificadas huelgas en las últimas semanas. Uno de los conflictos más sonados en el periodo, ha sido el de la Minera Casapalca, un consorcio mixto de empresarios peruanos que, con capitales norteamericano explota un rico yacimiento de cobre y zinc en la zona central del país. Allí, las jornadas de trabajo son “atípicas”, eufemística expresión que sirve para encubrir las más bárbaras formas de explotación humana que se expresan en doce y catorce horas diarias consecutivas de trabajo a cambio de un salario que no supera los 5 dólares y que debe solventar el alojamiento y la alimentación de los trabajadores y sus familiares a casi cuatro mil de altura sobre el nivel del mar.
Aunque los más altos funcionarios del Estado, incluido el Presidente de la República, han expresado públicamente su adhesión formal a la casa obrera, el problema de casi mil trabajadores que han quedado sin empleo no se resuelve por la categórica negativa de la empresa a aceptar sus responsabilidades y la inopia de las autoridades competentes que, una vez más demuestren absoluta incapacidad para hacer cumplir la ley y proteger los derechos laborales de los trabajadores.
La minería en el Perú es una de las actividades más rentables. En el 2006, por ejemplo, las empresas incrementaron sus sobreganancias por encima de un 83% con respecto al año anterior. En cifras netas el monto equivalió a 10,200 millones de soles, es decir alrededor de 3,500 millones de dólares, que las empresas se llevarán virtualmente sin retribuir un centavo a sus trabajadores y aportando apenas el 5% de ese monto al Estado.
Porque la lógica de la sobre explotación campea impunemente en el sector minero, hoy hay también graves conflictos en Yanacocha, en Souther Cooper Corporation y en la empresa Mismimayo, filial del gigante brasileño Vale Do Rio Doce (Valle del Río Dulce) que se defiende de sus trabajadores contratando hampones armados, con la venia del Estado. Pero no sólo los mineros afrontan severos problemas. También los obreros textiles, que hoy trabajan para la exportación de nuestros productos de manufactura al mercado exterior. En la empresa Topy Top, por ejemplo, una de las diez más grandes exportadoras de confecciones, laboran 5,000 obreros, pero sólo 93 de ellos decidieron integrar un sindicato. Hoy, apenas quedan 23 porque los demás sindicalizados han sido despedidos. Todos los obreros de la planta -la mayoría mujeres menores de 20 años- trabajan jornadas de 12 y 14 horas sin remuneración alguna.
El Magisterio rechaza la imposición de la Ley de Carrera Docente, que constituye realmente una negación de la carrera docente por cuanto faculta a cualquier profesional a ejercer la docencia. Si una ley del servicio médico pretendiera facultar a cualquier profesional a ejercer la medicina, otra sería la reacción de la sociedad: pero el magisterio es hoy una profesión devaluada, y el Gobierno se siente en el derecho de humillarla aún más afirmando la idea de que no se necesita ser Maestro para ejercer la docencia.
En el interior del país se viven momentos de convulsión extrema. En el oriente peruano, en la industriosa capital de la región Ucayali, la ciudad de Pucallpa permaneció once días virtualmente en manos de los pobladores que tomaron calles y plazas, pero también el aeropuerto de la localidad para evitar el arribo de efectivos policiales. Ayacucho la región donde impero la más cruel de las violencias en las últimas décadas del siglo pasado, se decretó un exitoso Paro los días 3 y 4 de julio. También lo estuvo la ciudad de Puno, en la frontera con Bolivia. La capital aymara recibió a pedradas –la semana pasada- al jefe del Estado y se niega a deponer su acción de fuerza en protesta por la séptima postergación del inicio de los trabajos de la carretera transoceánica.
En Tacna, Arequipa, Apurímac. Cusco, Huancayo y otras ciudades del país han ocurrido en los últimos días movilizaciones y paros en rechazo a la política gubernamental que se reeditarán la semana que se inicia y que muestran también el repudio a la soberbia y la altanería oficial que insiste en considerar las luchas populares como “actos aislados” y reclamos “sin importancia”.
A despecho de la versión palaciega, enormes multitudes se desplazan cotidianamente por numerosas ciudades del país. En la costa, la sierra y la selva, las multitudes se organizan sin una dirección centralizada y sin un comando orientador que alimente sus reclamos. No se trata, sin embargo, de acciones espontáneas, sino de la legítima expresión de un pueblo que crece en calidad de lucha y en experiencia de combate.
Pareciera que el gobierno no repara aún en que está sentado en un caldero próximo a estallar.
Si a estos elementos objetivos del descontento social, le sumamos la carga emotiva que asoma ante los ojos de la población a partir del escándalo parlamentario ocurrido en el marco de la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, la permisividad con que se protege a mafiosos y corruptos, y la insolencia como determinadas autoridades -entre las que se incluye al mismo Presidente de la República- descalifican a las organizaciones en lucha; se tendrá un cuadro más completo de las dimensiones de la crisis que asoma en el escenario.
La Jornada de lucha del 11 de julio, para decirlo en palabras de Mario Huamán Rivera, el Secretario General de la CGTP se explica “sencillamente porque no hay una política férrea de cumplir los compromisos electorales en materia laboral. Y también se debe a la coalición del gobierno con la derecha política y económica, y el fujimorismo, del que se tiene la herencia de una legislación laboral abusiva que ha precarizado el empleo a niveles alarmantes”.
Es claro que en estos niveles de la confrontación social la demanda obrera se convierte en bandera de lucha de centenares de miles de peruanos, la sangre obrera riega la tierra y la clase dominante tiembla porque siente que el suelo se mueve bajo sus pies.
En las condiciones de hoy, la rueda ha comenzado ya a girar. Y la protesta popular podría alcanzar dimensiones aun mayores que las previstas. Porque lo sabe, el gobierno ajusta las tuercas de la represión. Ahora, nuevamente se ponen en acción los mecanismos punitivos del estado. Los carros rompe manifestaciones, los caballos nerviosos de la guardia de asalto, los disparos, las bombas contra las multitudes y la censura a la intelectualidad; se colocan a la orden del día como muestra del pavor que envuelve a los gobernantes, incapaces de comprender las legítimas razones de lo que aquí bien puede denominarse la Rebelión de las Masas (fin)
(*) Del colectivo de Nuestra Bandera. http://www.nuestra-bandera.com
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Perú...
by Quinoa
Monday, Jul. 16, 2007 at 4:53 PM
La Hora de las Masas
Podría suponerse, a partir de las recientes acciones represivas dispuestas por el régimen, que el gobierno perdió los papeles. Pero eso partiría por creer que los hechos ocurridos en el país luego de la gigantesca movilización ciudadana del 11 de julio han sido producto de un impulso momentáneo y transitorio. En realidad, reflejan más bien un camino equivocado.
Gustavo Espinoza M.
Srio. General de la Asociación Amigos de Mariátegui (Casa Mariátegui) y miembro del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera
Las medidas intimidatorias puestas en vigencia por la administración García -detenciones en masas, ceses abusivos de Maestros y uso de la Fuerza Armada en distintos lugares del paìs- no responden a un impulso fugaz ni instantáneo. Son la secuela natural de una concepción claramente derechista afincada en el odio irracional al pueblo, y el temor que le suscita a la Clase Dominante, la presencia creciente de las masas en el escenario nacional. Se trata, en efecto, de una acción fríamente calculada con dos objetivos muy claros: quebrar la resistencia popular a la imposición del modelo del Banco Mundial en el plano de la educación, y advertir a la ciudadanía que el gobierno está dispuesto a pagar cualquier costo con tal de doblegar la voluntad de sus adversarios, que son además, adversarios del Tratado de Libre Comercio firmado recientemente con los Estados Unidos y que repudian el descarado acercamiento a Washington impulsado por las autoridades de Lima. Eso explica también el anticomunismo descarado del mandatario, que busca asomar su perfil como el abanderado de una causa que una a los poderosos y a los corruptos, unidos siempre por el cordón umbilical del macccartismo. Todos los huevos sobre una misma canasta. Y toda la voluntad de envilecido sometimiento a los dictados del Imperio. Eso es lo que, en el fondo, caracteriza la actitud del Gabinete Del Castillo, que pierde día a día en los niveles de aceptación ciudadana. Como en las condiciones de hoy el servilismo rinde transitorio beneficio, seguramente el Gabinete continuará en sus funciones luego del 28 de julio y el Presidente García persistirá en la idea de sumarse con el exultante optimismo de siempre, al carro del Imperio. Para Alan García las cosas no asoman, sin embargo, muy limpias. No solamente porque su política será crecientemente resistida por la ciudadanía; sino también porque en su propio partido surgirán y se afirmarán posiciones contestatarias. En otras palabras, Wilbert Bendezú no está sólo. Lo secundan dirigentes juveniles del APRA, y también sectores conscientes que, en este periodo, se juega al porvenir de su partido con relación a su vínculo con el país. En la base aprista, los García, Del Castillo, Mulder, Cabanillas y otros, tienen los días contados. Abrumados por la corrupción, no podrán retener mucho tiempo las riendas del Partido. Y lo saben. Por eso luchan desesperadamente por diferir el Congreso del PAP y procurar imponer la reelección de sus cuadros a cualquier precio. Se valen, para esos efectos, incluso de los recursos del Poder. Esa obcecación ha generado ya gruesas contradicciones al interior del Partido del Gobierno. Y lo previsible es que ellas no solamente continúen, sino que se agraven. Y que, finalmente el fantasma de le división del APRA asome como una realidad tangible en este periodo de gestión gubernativa. Y es que el APRA como tal no está en condiciones de encontrar una salida a los problemas del país ni tampoco está dispuesta a rectificar los rumbos que hoy está trazando y que las grandes masas repudian. García –“Mano dura y cerebro de piedra”, lo llama bien César Lévano- hace gala de un anticomunismo enfermizo y se derechiza porque quiere apoyarse en lo único en lo que realmente puede confiar para los efectos de su política perversa: en la derecha económica y en el Imperialismo. Eso es lo que le permite tener una plataforma en el escenario continental y perfilarse como la “alternativa latinoamericana” al proceso bolivariano que gana puntos en América Latina. También por eso apunta contra el ALBA y levanta sin escrúpulo alguno el tema de la “injerencia chavista” en nuestro suelo. Ni la actividad del ALBA en Puno responde a una política de Estado, ni el gobierno venezolano se inmiscuye en la problemática interna del Perú. Los Círculos Bolivarianos que han surgido en distintos confines de nuestra patria son simplemente núcleos de activistas comprometidos con una causa ligada a la historia y a la política, pero no tienen en común nada con el presunto socavamiento del “orden democrático” nacional. Tras esta campaña aviesa, sin embargo, no está sólo García. Lo acompañan la derecha económica y los núcleos fascistas del área política que se mueven tras las bambalinas incentivados por el marino Luis Giampietri, que tiene en sus manos significativos resortes de Poder. En línea directa, Giampietri trabaja con Agustín Mantilla y éste, con los núcleos más corruptos del APRA, ligados por eso a la Mafia Fujimorista. Por eso no es descarriada la idea de que la mano de García, unida a la de Bachelet, estuvo en la reciente decisión del Juez Alvarez en la capital del Mapocho. Por un lado, a García se sabe a chicharrón de cebo la posibilidad de que Fujimori retorne al país portando comprometedores videos que se llevó en su fuga de noviembre del 2000; y por otro a la Presidenta de Chile le place sin ninguna duda tener la posibilidad de acercarse a Tokio con el que se une ahora a través de un tratado de Libre Comercio. En Chile –dijimos antes- prima una justicia de clase, como también ocurre en el Perú. No es casual, en efecto, que la prestigiada periodista chilena Beatriz Brickmann reconozca sin tapujos que “la impunidad es el conflicto sociopolítico, ético, jurídico y psicosocial más grave que enfrenta la sociedad chilena emergente después de la dictadura de Pinochet”. Y es que, en efecto, con esa impunidad se avala hoy en la capital del sur a Fujimori y se busca también contactos bajo cuerda con el APRA en detrimento del Perú y las exigencias legítimas de nuestro pueblo. Para contrarrestar este rumbo, aquí y en América Latina, sólo hay un camino: el de la lucha de las masas. Esta es su hora. Lima, 14 de julio de 2007
Gustavo Espinoza M.
http://nuestra-bandera.com
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La derecha...
by Quinoa
Monday, Jul. 16, 2007 at 5:00 PM
PERU: LA DERECHA TIENE MIEDO
Por Gustavo Espinoza M. (*)
La primera vez que realmente la derecha tuvo miedo en el Perú, fue durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado. La segunda, es ahora.
Cuando Velasco llegó al gobierno en la madrugada del 3 de octubre de 1968, la derecha no le hizo muchos ascos al tema. Apenas algunos centenares de activistas ligados al gobierno depuesto salieron a las calles al lado de un puñado de apristas nostálgicos que sostenían la tesis de que el Congreso era “el Primer poder del Estado”. Pero la “prensa grande” -vale decir, oligárquica- prefirió callar y guardarse en espera de tiempos mejores. Después de todo, podía incubar ilusiones: el Primer Ministro del gobierno militar era el general Ernesto Montagne –conocido derechista en las filas castrenses- y el titular de Agricultura el general Benavides, un rubio de ojos azules, hijo del ex Presidente, el Mariscal Benavides, tan caro a los recuerdos de la aristocracia tradicional. Aunque el nombre de Velasco Alvarado les sabía desconocido, no faltaron quienes subrayaron el carácter típicamente español de ambos apellidos asegurando que no habría mucho que temer.
El miedo vino después. Y comenzó el 9 de octubre de ese mismo año, cuando el gobierno militar, en un sorpresivo golpe de mano tomó espectacularmente las instalaciones de la Internacional Petroleum Company, y recobró la riqueza de La Brea y Pariñas. Fue creciendo luego de sucesivas medidas, como la reforma agraria en junio de 1969, la creación de la Comunidad Industrial, el reconocimiento a la estabilidad en el empleo, la expropiación del diario Expreso, la recuperación de la riqueza minera y otros. Y llegó simplemente al paroxismo cuando en julio de 1974 el gobierno dispuso la expropiación de los medios de comunicación y su entrega a los sectores sociales representativos del Perú de entonces.
En esa circunstancia -como aún se recuerda- la derecha perdió simplemente los papeles y los pitucos del Capital salieron al Ovalo de Miraflores a quemar la bandera peruana en señal de “protesta”. Algunos de los que hoy braman contra el pueblo estuvieron allí y otros aplaudieron la pira humeante en el que se incineraron los símbolos patrios “en rechazo al comunismo”, como se dijo entonces. En el interín –claro- el gobierno fue depurándose y algunos de los entorchados generales de la derecha fueron dejando sus puestos a oficiales más jóvenes de ojos abiertos e ideas más claras.
El desenlace del proceso peruano -que supo a derrota para el pueblo- fue festejado y es aún recordado y celebrado por los herederos de los latifundistas y los grandes empresarios, varios de los cuales, sin embargo, se doblegaron sin resistencia ante el Poder Uniformado
Hoy, por cierto, la cosa es distinta. No existe un gobierno revolucionario. Ni siquiera progresista ni patriótico. Ni elementalmente democrático. Hoy gobiernan los lebreles del Capital y buscan afanosamente proteger y cautelar los intereses de los poderosos, conscientes como están, que la tierra comienza a arder bajo sus pies.
El miedo que la derecha muestra ahora no es entonces tanto a lo que está ocurriendo, sino a lo que vendrá. A lo que se está incubando, y que se anida en la lucha de los campesinos de Ancash o los pobladores del Cusco o de Loreto; de los cultivadores de la hoja de coca, o de los mineros brutalmente explotados, de los comerciantes del Mercado de Santa Anita, o de los profesores universitarios. En todas partes, aflora la misma batalla. Y en todas partes también los ojos de los que se alzan reflejan la impotencia de los oprimidos, y el odio que se acumula por efecto del oprobio y la injusticia.
La derecha ha ganado experiencia en la lucha contra el movimiento popular. Por eso se empeña en dividir para reinar, negociar con unos para golpear a otros. Y busca aislar las acciones que considera más peligrosas. Pero, sobre todo, procura obsesivamente frustrar todos los esfuerzos unitarios que asoman en el convulso escenario nacional.
La pesadilla de la reacción, es la acción concertada del pueblo. La posibilidad de que sumen voluntades los distintos destacamentos que hoy asoman con banderas dispersas. El movimiento obrero, las luchas campesinas, las poblaciones del interior, los estudiantes, los núcleos nacionalistas, Ollanta Humala, la izquierda política, las fuerzas progresistas. A todas las admite siempre y cuando salgan una por una. Pero en ningún caso que se unan. Eso sería el diluvio.
Es claro que el proceso unitario de un pueblo no cae del cielo. Ni está sembrado en la tierra. Se construye fatigosamente a partir de la propia experiencia social; y se apoya en la voluntad constructiva de los que afirman y de los que creen. Y venciendo el oportunismo y el electorerismo que corroe ciertas estructuras partidistas. Pero además, con el ejemplo de otros que batallan por lo mismo que nosotros más allá de nuestras fronteras.
Porque eso lo sabe de memoria, la derecha peruana arrecia entonces su ofensiva contra el régimen bolivariano de Hugo Chávez, en Venezuela y contra Evo Morales en Bolivia. Y también contra Rafael Correa, frente al que se muerde la lengua porque ansía golpearlo, pero sabe que no le conviene hacerlo. Pero detrás de estos odios, asoma por cierto el visceral que lo enfrenta a Cuba y a su pueblo.
Y es que, en el fondo, en efecto, el tema de Cuba subyace en lo más profundo del subconsciente de las fuerzas ligadas al Imperio. En todo ve la mano de La Habana, el discurso de Fidel, el sacrificio del “Che”, el heroísmo del pueblo Martiano. Y les teme, como Satanás al agua bendita.
El asunto de la televisora venezolana ha servido para mostrar al desnudo y en derrota a la plañidera derecha peruana. Como en julio del 74 ha destilado todo el veneno acumulado aludiendo a un presunto “alevoso atentado contra la libertad de prensa”. Y, ha ocultado cuidadosamente, por cierto, que más bien defiende las óptimas ganancias de una boyante empresa televisiva que acumula fortunas en beneficio de unos cuantos, y que usa sus caudales para ejercer el poder real en la patria de Andrés Bello. En la experiencia caraqueña, la derecha peruana ha evocado la limeña de 1974, y ha revivido los odios de antaño contra Velasco Alvarado y al proceso que éste impulsara.
En previsión de lo que vendrá, la derecha se prepara abiertamente. Movilizar ocho mil policías para desalojar a 600 comerciantes de un mercado capitalino, 200 de los cuales eran niños; no es un síndrome de paranoia. Es simplemente una manera de advertir a la opinión pública que el gobierno tiene en sus manos la fuerza suficiente -y calificada- para doblegar cualquier resistencia, y está dispuesto a hacerlo. La acción “heroica” emprendida por el ministerio del Interior no es sino la antesala de lo que podría ocurrir ante cualquier intento de cambiar el rumbo de las cosas en el Perú de hoy.
Por eso hay que extraer las lecciones necesarias de esta circunstancia: no sobrestimar la fuerza del pueblo. Ni emprender batallas que sirvan de victoria barata a nuestros enemigos. No hacerse ilusiones con la legalidad vigente. Ni creer en las buenas intenciones de los poderosos.
Si no hay fuerzas que puedan ejercer el rol de vanguardia, hay que construir la vanguardia desde la base misma de la sociedad. Y en el fragor de una lucha que no puede admitir tregua. Y hay que avanzar afirmando los ideales de nuestro tiempo: verdadera democracia, participación ciudadana, combate a la corrupción, lucha contra las Mafias y defensa de los recursos y el patrimonio nacional.
La lucha está planteada.
(*) Del Colectivo de Nuestra Bandera. http://www.nuestra-bandera.com
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